Hace apenas unos meses, Cindy y Yuliza, dos primas jóvenes de la comunidad indígena Kamëntšá Biyá, en Tabanok, Putumayo, comenzaron a construir una idea que nació entre miedos, sueños y recetas familiares. Inspiradas por los saberes de la Chagra y fortalecidas a través del proceso de formación de Anfitriones para la Paz, decidieron transformar ingredientes tradicionales como el chilacuan, el lulo y la calabaza en tortas artesanales hechas con mucho amor. Lo que empezó como una propuesta pequeña entre familia y comunidad, hoy se ha convertido en un emprendimiento que les permite generar ingresos mensuales, participar en ferias y proyectarse hacia nuevos mercados. “Nunca imaginamos hasta dónde podía llegar este sueño”, recuerda Yuliza sobre las primeras ventas que marcaron el crecimiento de Tortas La Miga.
Para Cindy, de 23 años, emprendedora y madre, este proceso ha significado una transformación profunda en su vida y en la manera en que imagina el futuro para ella, su hijo y su comunidad. “Hoy puedo decir con mucho orgullo que yo sola le compro sus cosas. Hoy puedo decir, con mucho orgullo, que aunque el camino no haya sido fácil, he luchado para crear un futuro mejor para mí y mi hijo”, comparte. Emprender le permitió descubrir capacidades que antes no reconocía en sí misma, fortalecer su confianza, superar miedos y creer que aquello que empezó como una idea pequeña podía convertirse en “algo mucho más grande”. Junto a Yuliza, han consolidado un espacio propio de trabajo, fortalecido la identidad de su marca y mejorado sus herramientas de producción. Este proceso dio recientemente un nuevo paso gracias al acceso a capital semilla, con el que lograron adquirir un horno para fortalecer su emprendimiento artesanal.
Actualmente, las jóvenes trabajan en nuevos empaques y continúan fortaleciendo sus conocimientos en gastronomía para seguir creciendo sin perder la esencia artesanal que las identifica. Sueñan con abrir una cafetería propia, ampliar su mercado y generar oportunidades para otras personas de su comunidad. Para Yuliza, este sueño “sabe a chilacuan”, el ingrediente de la primera torta que las dio a conocer y que hoy simboliza un futuro construido desde la identidad, la cultura y la paz. “En Putumayo estamos apostándole a la paz desde los sabores y desde la gastronomía”, afirma, reflejando cómo la revitalización de los saberes alimentarios también se convierte en una oportunidad concreta para fortalecer ingresos, arraigo y liderazgo juvenil en el territorio.
Un sueño que se vive y se degusta. Tortas La Miga les espera en Tabanok, Sibundoy, Putumayo.